El
consumo continuado durante años de farmacos llega a cambiar la personalidad,
transformándola en más irritable, depresiva, y comporta
pérdida de memoria y concentración.
En fases muy avanzadas
aparecen crisis crepusculares, desorientación y alucinaciones
que remiten en varios días tras disminuir o abandonar el
consumo de farmacos pero que pueden extenderse hasta dos meses. |